Artículo de opinión del portavoz de Nafarroa Imanol Karrera Turrillo.
Son las 10:55 horas de la mañana del día 11 de febrero. Tan solo faltan cinco minutos para que comience una reunión que en sí misma ya es relevante. También lo es su contenido: constituir la mesa de negociación para la consecución de un acuerdo interprofesional sobre un salario mínimo para las personas trabajadoras que prestan servicios en el ámbito territorial de Navarra. Un objetivo posible y con perfecto encaje legal.
Sin embargo, todavía no están todas las personas que habían confirmado su asistencia. Impaciente tengo la sensación de que algo va a suceder. Como si fuera una premonición, vibra el móvil. Es el representante de los empresarios. A través de un mensaje de ultimísima hora me informa de que finalmente no acudirán a la reunión. La excusa resulta delirante y su actuar les delata. Inmediatamente después, y para dar continuidad al absurdo, llegan los mensajes de los representantes de UGT y CCOO con el mismo contenido; los empresarios mandan y ellos obedecen. No llaman a primera hora de la mañana para solventar y aclarar sus dudas en torno a la reunión. No. Los empresarios de la CEN esperan al café de las 10:30 con UGT y CCOO para mandar parar. Es la manera de huir del debate concreto, mantener el monopolio de las relaciones laborales y garantizar su agenda (absentismo e infraestructuras).
El Gobierno de Navarra, nervioso, está al corriente de la situación. De hecho, previamente rechaza la solicitud de cesión de una sala para celebrar esa reunión y la propia presidenta se niega a recibir a los representes sindicales de la iniciativa. Mientras el Gobierno Vasco, a través del vicelehendakari Mikel Torres (del PSE), se sorprende y afea la negativa patronal a negociar, el gobierno de Chivite actúa de manera partidista salvaguardando en exclusiva los intereses de la CEN, UGT y CCOO. Ya están en marcha los festejos del Plan de Empleo y el banquete del Diálogo Social.
28 de febrero. La segunda convocatoria es formalmente impecable. No tienen margen para una segunda dramatización y están obligados a sacar su peor versión para decir no al diálogo y a la posibilidad de establecer un salario mínimo en Navarra. Los empresarios de la CEN echan mano de la vieja política de empleo y se remiten a los acuerdos de 1995 a través de los cuáles instauraron en Navarra el Régimen del Diálogo Social, sustentado en el apartheid sindical, y que ha tenido consecuencias nefastas para la clase trabajadora navarra, sus instituciones y el progreso de la sociedad.
UGT y CCOO se prestan a ello sin ningún rubor, pero tampoco saben dónde meterse. El argumento de los empresarios navarros es una mentira que les salpica. De hecho, los acuerdos de 1995 nunca han abordado negociar un salario mínimo propio. Además, en Pamplona, en una alianza lamentable con los empresarios, han boicoteado una negociación en la que sus compañeros y compañeras de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) han sido convocantes, entendiendo que abordar un salario mínimo propio es estar a la altura de lo que pide la sociedad y necesitan los trabajadores y trabajadoras. UGT, que en Cataluña reivindica un salario propio de 1.400 euros, ante el rechazo de la patronal en la CAV, habló de “jarro de agua fría y mala noticia”. CCOO Euskadi se vino arriba y tildó a la patronal de ser “lo más rancio y más antiguo posible”. Eso en la CAV.
¿Acaso los trabajadores y trabajadoras navarras son menos merecedores de una mejora en el salario mínimo respecto a los de la CAV? Teniendo en cuenta que la estructura socioeconómica y salarial, así como el coste de la vida, es similar en ambos territorios, ellos mismos son conscientes de que nadie entiende la diferente manera de actuar de UGT y CCOO. Por enésima vez, estos dos sindicatos en Navarra actúan de mala fe y movidos por intereses meramente corporativos frente al interés general.
El salario mínimo del Estado español (1.184 euros) no es suficiente para las personas trabajadoras y pensionistas de Navarra. Tenemos la necesidad y el derecho de tener un salario mínimo propio para poder tener unas condiciones de trabajo y vida dignas y mejorar al alza los salarios de todo el mundo.
También es el momento de defender la soberanía de Navarra en materia laboral. Si la CEN, UGT y CCOO se niegan a negociar un salario mínimo propio, con nuestras firmas apelaremos al Parlamento de Navarra para que reclame las competencias que le permitan fijar por ley un salario mínimo por encima del establecido por el Estado.
Aquí no se resigna nadie. Nunca nos hemos entregado a la voluntad de los empresarios de la CEN, y los sindicatos UGT y CCOO, y tampoco lo vamos a hacer ahora. Por ello, el 5 de abril a las 18:00 desde Baluarte, la sociedad navarra en su conjunto y de manera colectiva tiene la oportunidad de salir a la calle para conseguir sueldos y pensiones dignas, aquí y para todos y todas.